Solo una cosa vuelve imposible un sueño, el miedo a fracasar.

domingo, noviembre 04, 2007

MEXICO: Ultima Parada

Y Ahí estaba el cartel: “Bienvenidos a México”, en la frontera de Chetumal. Habíamos llegado al punto final de nuestra travesía; al último país de nuestro recorrido. Estábamos felices!! Nos mirábamos y nos reíamos, con una mezcla de alegría, orgullo y tristeza… todo junto.
No perdimos mucho tiempo y fuimos a sellar nuestros pasaportes, ansiosos por comenzar a pedalear Mexico.
Llegamos en un “difícil” momento a la oficina aduanera. Todos los empleados estaban absortos en un partido de fútbol, donde México definía su tercer o cuarto puesto para la copa América, luego de que Argentina los eliminara dos días antes, pasando a la final con Brasil. En consecuencia, los empleados miraban con un ojo los formularios y, con el otro, el partido. Cuando vieron nuestros pasaportes argentinos, nos miraron y nos “habilitaron” para estar solo 20 días en el país. ¿¿Veinte dias?? Pero si todos los países otorgan tres meses!!!! Y ahí comenzó una larga “charla” donde ellos nos decían que ese era todo el tiempo que estaban otorgando a los extranjeros y, donde nosotros, les explicábamos que era imposible que llegáramos en bicicleta a Mexico City en veinte días!!! Al final, luego de un largo tiempo de conversaciones, nos dieron dos meses de estadía.
Una vez superado los temas legales, comenzamos el pedaleo por la península de Yucatán, en el estado de Quintana Roo. Lo primero que se nota al dejar Belice e ingresar a Mexico, es el cambio en el estado de las rutas, pasando de los precarios caminos de Belice a las espectaculares autopistas en Mexico.
La Península de Yucatán es conocida mundialmente por contar con las playas caribeñas más famosas y espectaculares de México, como Cancún, playa del carmen, Cozumel, Tulúm, etc. La parte mala de estos lugares (al menos para nosotros) es que son demasiados turísticos, lo que implica una presencia masiva de gente, playas invadidas por la infraestructura de los hoteles, servicios carísimos, casi nulo acceso publico a las playas, alto porcentaje de extranjeros (lo que impide conocer realmente la idiosincracia del pais),etc. Pero, de todas maneras, vale la pena conocer, ya que la belleza de las playas es realmente increíble. Nosotros elegimos ir a Tulum, debido a que es el menos concurrido de todos estos lugares.
Llegamos a Tulum de noche y lo primero que hicimos fue buscar un lugar para quedarnos. Nos instalamos en el primer hostel que vimos. Era muy lindo. Tenia pequeñas cabañitas alrededor de un frondoso jardín y también espacios comunes, como una enorme cocina donde se servia el desayuno (y uno también podía cocinarse si quería), biblioteca, living, etc. Era un lugar encantador, donde nos sentimos a gusto desde el primer momento. La sorpresa fue enterarnos que la esposa del dueño del lugar era una Argentina. Se llamaba Pamela y apenas nos conocimos nos quedamos tres horas charlando sin parar. Era una chaqueña muy simpatica. Tanto ella como nosotros teníamos ganas de hablar “en argentino”. Nos reíamos de eso. Y nos conquistó totalmente cuando nos regalo un kilo de yerba que le había traido su mama de argentina..
Las playas de Tulum son sencillamente espectaculares. El agua es de un color turquesa profundo y la arena blanquísima. Y la transparencia del agua hace que muchisima gente venga a practicar buceo a esta zona. Pero lo que la hace realmente única es la presencia de una antigua ciudad Maya que, desde lo alto de un pequeño acantilado, parece dominar el paisaje. Son los únicos restos de antiguas ciudades que se han encontrado a la orilla del mar.
Otro atractivo de toda la zona de la península de Yucatán son los denominados “cenotes”, que son una especie de pozas, generalmente en cuevas, de agua proveniente de ríos subterráneos, muy fria y transparente. La belleza esta dada por las distintas formaciones que se puede ver en ellos, por la vegetación endèmica que se puede encontrar en algunos o por los peces extraños que la habitan. Para las culturas ancestrales Mexicanas, los cenotes son lugares sagrados.
La playa de Tulum queda a unos 5 kilómetros de la ciudad, así que todos los días nosotros nos íbamos en bici hasta allí. Nos gustaba, sobretodo, tomarnos unos ricos mates a la mañana y a la tardecita, disfrutando de la playa y de esos momentos mágicos del día. También nos encantaba pasear por la ciudad cuando caía el sol y ya no hacía tanto calor. Había muchos negocios de artesanía y cosas lindas. Siempre se escuchaba musica en la calle. Y Con Pamela nos hicimos amigos, compartiendo cenas, vinos, y mucha charla.
Otro cambio notorio al ingresar a Mexico fue la diversidad de sabores nuevos que nos esperaban. La cocina Méxicana es riquísima en su variedad y nos llama la atención la gran cantidad de ingredientes que utilizan y que son totalmente desconocidos para nosotros. Lo primero a degustar fueron los famosos tacos Mexicanos. Sabrosos y picantes. Uno puedo elegir que lo hagan con tortilla de harina de trigo o maiz (algo parecido al panqueque de Argentina) y los rellenos varían utilizando distintos tipos de carnes. También probamos unos tamales espectaculares, que son hechos de harina de maiz y rellenos con carne de cerdo, generalmente, y luego envueltos en hojas de plátano. Una característica de México es que al ser un país tan grande y variado, las comidas típicas van cambiando drásticamente de un lugar a otro, logrando una riqueza culinaria increíble.
Respecto a la bebida, también es muy variada, pero claro, el rey indiscutible es el Tequila, emblema de México, seguido por el Mezcal. Aquí uno tiene que demostrar lo “machote” que es, tomándose varios tequilas seguidos sin pestañear.
Fuimos a Tulum con la idea de quedarnos solo un par de dias, pero al final, nos terminamos quedando una semana. La noche antes de irnos, Pamela nos regalo una artesanía mexicana y una plantita de Noni que, según se cree, tiene muchos poderes curativos. No era fácil imaginar como transportar una planta y su respectiva maseta en la bicicleta! Así que lo que hicimos fue cortar una botella de agua mineral por la mitad, plantar la planta ahí y transportarla en el portacaramañola de la bicicleta. A partir del próximo día la plantita de noni pasó a ser nuestra mascota. La bautizamos milagrito (sobre todo porque seria un milagro que llegue a Argentina con vida).
No sabíamos bien cómo continuar nuestro viaje, ya que las opciones son tan amplias y variadas que cuesta elegir alguna. Decidimos tomar el camino que pasa por las ruinas arqueológicas de Cobá y Chichén Itzá (ésta última fue elegida recientemente como una de las nuevas siete maravillas del mundo, si bien se considera bastante controversial y subjetiva dicha elección). Cabe mencionar que en Mexico existen cientos de sitios arqueológicos de sumo interés, por lo que cuesta realmente decidir a cual ir. Los más famosos son Chichén Itzá, Cobá, Palenque, Teotihuacan, pero hay muchísimos más, todos de igual valor.
Salimos de Tulum al amanecer y pedaleamos por una ruta con vegetación frondosa a ambos lados, casi sin pueblos y con una franja mínima para la bicicleta. Luego de unos 60 kilómetros aproximadamente, llegamos a Cobá, un pequeño pueblito cuya vida gira alrededor de los turistas que van a visitar las ruinas.
Nos quedamos a dormir allí, agradeciendo que la ciudad no tuviera ningún atractivo, ya que eso nos permitía descansar sin sentir culpa de estar “perdiéndonos” de conocer algo importante. Que tonto, no?
Al otro día continuamos viaje al amanecer, no sin antes pelearnos con todos los perros del pueblo que se habían empeñado en molestarnos y ladrarnos en forma insistente y amenazadora, permitiéndonos probar todas las tácticas defensivas que habíamos ideado durante el viaje: tirarles agua, parar y ponerles cara de malo, tirarles patadas rogando que no nos agarren el pantalón, pedalear lo más rápido posible, en fin, una amplia variedad.
La ruta siguió siendo angosta y casi cubierta por la vegetación, lo que nos ayudaba a protegernos del sol abrasador que ya tipo nueve de la mañana es insoportable-.
Nuestro destino del día era Valladolid. Esta ciudad tiene unos 60.000 habitantes, es muy bonita y además tiene gran afluencia de turismo debido a que en su territorio están alguno de los cenotes más hermosos, y también, a su cercanía con Chichén Itza. También es una buena parada para los que transitan la península de Yucatán en busca de la Rivera Maya o el fabuloso Caribe Mexicano.
En esta ciudad nos hospedamos en un hostel que nos gusto mucho también. Lo mejor era su espectacular jardín, lleno de detalles simples pero encantadores, con una cocina al aire libre que era un sueño, y donde a la noche compartíamos las mesas con gente de todo el mundo.
Luego de dos días en Valladolid, seguimos viaje rumbo a Chichén Itza. Después de unos 50 kilómetros de pedaleo tranquilo, ya nos empezamos a acercar a las famosas ruinas mayas. Nuestra idea era pasar la noche en un pueblito llamado Pisté, que queda a unos 2 km de las ruinas. Pero, por error, tomamos un desvío que decía “zona hotelera”, pensando que nos llevaría al pueblito, y en realidad nos llevó a un callejón largo, en el cual había varios hoteles lujosos que casi estaban construídos sobre las ruinas. Al final de la calle, estaba el hotel “Mayaland” de unas “10” estrellas. Cuando llegamos, todos nos miraban, obviamente. Les explicamos el error y les preguntamos como salir y llegar a Pisté. Entre averiguaciones e indicaciones de guardias y cuidadores de todo tipo de rango, hizo su aparición el gerente general del hotel (momento en el cual todos se callaron) y nos preguntó que nos pasaba, con una actitud entre curiosa y desinteresada como posibles clientes (al vernos en bici, sucios y transpirados). Le volvimos a explicar. Cuando nos escucho, nos pregunto: “son argentinos?” , y al responderle que si, nos dijo: “Buenísimo, yo también! Me llamo Rodolfo y les cuento que yo viajé cinco años con un amigo por toda Europa sin un peso. Vengan, los invito a un desayuno espectacular en el hotel”. Nosotros con el Negro no entendíamos nada, pero estábamos felices. Ingresamos al hotel, siendo sin lugar a dudas, los más desubicados en todo aspecto. Pero, Rodolfo nos miro y nos dijo: “Ven a toda esta gente que esta acá? Bueno, todos tienen muchísimo dinero, pero… saben cuantos tienen la libertad de andar sin tiempo como ustedes? Ustedes son ricos en tiempo y en libertad.” Sus palabras nos alentaron y alegraron mucho.
Desayunamos los tres juntos, disfrutando de sus anécdotas y compartiendo la historia de vida de cada uno. Después de un largo rato ahí, nos dijo que él estaba a cargo de toda una cadena hotelera y que nos invitaba a quedarnos alojados en otro de sus hoteles que quedaba en el pueblo. Sin poder creer las cosas que un error te pueden deparar, con el negro salimos rumbo a Pisté, pero no en bici, ya que Rodolfo se había empeñado en que una de las camionetas del hotel nos llevara. Nosotros no lográbamos explicarle que no era un sacrificio para nosotros ir en bici!! De hecho, veníamos desde Argentina. Pero él lo tomaba como una cuestión de hospitalidad. Así que no hubo alternativa, subimos las bicis a una camioneta del hotel y nos llevaron, raudos, al otro hotel del pueblo. Al llegar nos dieron una habitación hermosa y enorme, con todo tipo de comodidades. Cuando finalmente nos instalamos ya era media tarde, así que decidimos ir al otro día a conocer Chichén Itza. Pero alguien en el hotel nos contó que se podía ingresar a la noche a las ruinas, ya que desde hacia un tiempo se realizaba un show de luces sobre la más famosa de sus construcciones: el castillo, acompañada de una larga explicación sobre la historia de los Mayas.
Así que nos fuimos caminando a la noche, disfrutando de un cielo muy estrellado. Al llegar nos sorprendió la enorme cantidad de gente que había en el lugar. La cola para ingresar era interminable. Nuestro ánimo se vino abajo. Parecía un parque de diversiones. El señor de seguridad que estaba en el ingreso nos dijo: “No se hagan ilusiones, mañana va a estar igual. Todos los días llegan miles de personas a este lugar. Siempre fue muy concurrido, pero, desde que lo declararon una de las nuevas siete maravillas del mundo, el paso de turistas por aquí se incrementó de manera alarmante. Además, estamos de vacaciones en Mexico, así que ahora hay muchísima gente local”. Nos miramos y nos fuimos a hacer la cola de ingreso, mientras pensábamos en lo que nos había dicho el guardia. Llegó el momento de ingresar y nos volvimos a sorprender nuevamente cuando escuchamos a la mayoría de la gente aplaudir y gritar enloquecida, para luego salir corriendo, intentando cada uno, obtener el mejor lugar para ver el “espectáculo”. Con el negro teníamos ganas de llorar. Y nos preguntábamos cuanta de las personas que estaban allí eran realmente concientes del lugar que estaban pisando?
La presentación nos pareció interesante, aunque un poco hollywodense. Al otro día fui yo sola, tempranísimo, a recorrer las ruinas. El negro se quedó en el hotel ya que se había renegado con la situación de la noche anterior. Yo disfruté muchísimo del recorrido, asombrándome a cada paso con las maravillosas construcciones, con la historia y la sabiduría de esta grandiosa civilización. Y una vez más, me inundó esa sensación de estar en un lugar especial, sagrado. Ya me había pasado lo mismo en otros lugares, como tikal o Machu Pichu. Es como que allí hay algo que no logro comprender, ni ver, pero que mis sentidos si lo perciben. Que será?
Al otro día continuamos camino hacia la ciudad de Mérida, por la misma ruta 180, la cual siguió siendo angosta y con una vegetación abundante a ambos lados. Como la distancia era mucha, decidimos pasar la noche en algún lugar a mitad de camino, y nos decidimos por Izamal. La ciudad era muy bonita y tiene la particularidad de que todas sus casas, la mayoría de estilo colonial, están pintadas de amarillo, lo que le da un toque muy pintoresco. Además, en pleno centro hay un gigantesco e imponente monasterio del siglo XVII (que fue construido sobre las ruinas de pirámides mayas), dos plazas hermosísimas y varios lugares interesantes para conocer.
Algo que nos sorprende de México es que todas las plazas (que ellos llaman zocalo) son hermosas. Generalmente son muy grandes, limpias y con una gran actividad social. A la gente le gusta ir a las plazas y hay mucho dinamismo en ellas. Es difícil encontrar un lugar vacío para sentarse. A nosotros nos encanta ir a las plazas para sentarnos y, simplemente, mirar la actividad de la ciudad. Allí aprendemos muchas cosas. Tomamos nota de situaciones o costumbres que no entendemos, o que nos llaman la atención, y luego preguntamos a la gente de qué se trata. Esa noche charlamos mucho con un viejito en la plaza.
Al otro día continuamos el pedaleo hacia Merida. Hicimos unos 90 kilómetros por una ruta muy linda y entretenida. Pasamos innumerables caseríos y pueblitos pintorescos y vimos, por primera vez, plantaciones de Maguey, de la especie agave azul (planta que se procesa para luego obtener el tequila y el Mezcal). Mérida es una ciudad muy grande, de casi un millón de habitantes, y reconocida por su gran actividad cultural. Hay espectáculos, shows y conciertos de todo tipo cada día, incluso mucho de ellos gratuitos. Los fines de semana se cierran varias calles del centro y todos los restaurantes y bares sacan sus mesas y sillas afuera, arman escenarios donde innumerables bandas musicales tocan melodías de todo tipo y la gente va bailando de un lugar a otro.
Los habitantes de Mérida también están orgullosos de que sea considerada la ciudad más limpia de todo Mexico. Esto es verdad, aunque a nosotros nos resultó un lugar demasiado agobiante y caliente.
Respecto a la comida, acá probamos dos comidas típicas: los panuchos (una especie de tacos untados con crema de frijoles) y tacos de cochinita civil (que es carne de cerdo cocida en hoyos que se realizan en la tierra).
Luego de tres días en la ciudad, continuamos viaje, teniendo como próximo objetivo otra famosa zona arqueológica de México, llamada Palenque. Lo que más llama la atención aquí es la exhuberancia de la selva en la cual se encuentran las ruinas, a solo 7 kilómetros del pueblo del mismo nombre, de unos 70.000 habitantes. Palenque no sólo es famoso por la grandiosidad de sus construcciones, sino por una gran cantidad de misterios que rodean el lugar. Palenque fue habitado alrededor de 100 años antes de Cristo y tuvo su florecimiento alrededor del 630 al 740 DC. La ciudad tuvo su mayor época de esplendor bajo el reinado de Pakal, quién realizó varios tipos de construcciones (incluyendo el famoso templo de las Inscripciones) y fue considerado uno de los hombres mas sabios de esta civilización.
Aquí nos acordamos mucho de Isabel, una amiga venezolana que conocimos durante el viaje, cuyo mayor deseo era poder venir algún día a este lugar. Ella nos dedicó días enteros, transmitiéndonos su amor hacia esta civilización y sus fascinantes logros astronómicos y culturales. Cerramos los ojos y, con todas las fuerzas del corazón, lo compartimos con ella.
Luego de unos días en Palenque, seguimos camino por el estado de Chiapas, a través de una ruta espectacular, hasta uno de los destinos que más nos habían recomendado: San Cristóbal de las Casas. Viajeros de todo el mundo nos habían nombrado esta ciudad una y otra vez. Cuando llegamos comprendimos el porqué. Además de ser una ciudad colonial muy bonita, tiene un “no sé qué”, una magia indescifrable, que te hace sentir parte de ella inmediatamente.
Llegamos a la tardecita, y lo primero que notamos, fue el cambio de clima. Habíamos estado subiendo muchos metros, y a medida que ello sucedía, también el calor agobiante iba quedando atrás. San Cristóbal de las Casas tiene un clima muy benévolo, con mañanas y atardeceres frescos, medio días cálidos y noches frías. Todo en uno!.
A la mañana siguiente salimos a recorrer sus calles, y en ellas pudimos ver una gran diversidad cultural. Muchísimos indígenas conviven con la modernidad, vendiendo sus tejidos y artesanías, a los miles de turistas que arriban a esta ciudad.
Chiapas se caracteriza por ser un estado en el que habita un gran número de etnias indígenas. De hecho, ha sido el epicentro de muchos años de conflictos y lucha por parte de ellos. Sus reclamos siempre son los mismos: libertad, justicia y el derecho sobre sus tierras. Los diferentes gobiernos que han pasado durante todos estos años, parecen no escucharlos. Como ocurre casi siempre, lo distinto o desconocido es considerado “inferior”
Luego de años de opresión, en el año 1994 los indígenas se levantaron y comenzaron una lucha armada y desigual, bajo el liderazgo del que se haría llamar: Subcomandante Marcos. El movimiento es conocido mundialmente como “Zapatista”.
Zapatismo es un término empleado por historiadores para referirse al movimiento armado identificado con las ideas de Emiliano Zapata, caudillo de la revolución Mexicana, plasmadas principalmente en el plan de Ayala de 1911. Una de las frases más simbólicas del zapatismo reza que “la tierra es de quien la trabaja”.
En un sentido contemporáneo, el Ejército Zapatista de la Liberación Nacional (EZLN) y sus adeptos son la representación más conocida del zapatismo, también llamado neozapatismo. El EZLN reivindicó el término —y las demandas de los zapatista -- como demandas vigentes en la vida política y social de México.
A partir de 1994, fueron años de enfrentamientos y de negociaciones diplomáticas frustradas una y otra vez, aunque han logrado alguno que otro derecho. Actualmente el movimiento sigue vivo aunque con un perfil más bajo. Los principales focos se encuentran en la Selva Lacandona.
Otro reclamo que realizan los indígenas actualmente, se centra en la compra indiscriminada de tierras Chiapanecas por parte de multinacionales, tales como Coca Cola, cuyo objetivo principal es quedarse con los lugares donde las napas de agua son las más puras de todo México. El agua es un gran problema en este país. En la mayoría de los lugares, el agua no es potable y tampoco les llega a todos, por lo que el negocio del agua es millonario. Por supuesto, los que habitan esas tierras son “invitados” a moverse a otro lugar.
También reclaman un control urgente sobre los pesticidas que utilizan las grandes empresas, ya que envenenan sus cultivos. Los carteles de rechazo a empresas internacionales, tales como Monsanto, son un paisaje normal en las rutas de Chiapas.
San Cristóbal de las Casas, y todo el estado en general, también son reconocidos por el excelente café que producen y por la explotación y venta de ámbar.
El ámbar es resina fosilizada de más de 25 millones de años y se encuentra, con cierto grado de calidad, en pocos lugares del mundo. Esta resina de árboles primitivos, en ocasiones, contienen en su interior restos de insectos, musgos, hojas, etc., lo que le da un valor adicional y, por ende, son muchísimo más caras que el resto. Existen innumerables negocios que se dedican a la venta de ámbar, ya sea en su estado natural (tipo piedra) o incrustada en joyas de toda clase. Nos pasamos horas mirando estas obras de arte.
También encontramos buenos “insumos” en la ciudad. Primero encontramos un lugar que vendía yerba, lo que nos dio una gran alegría. Y después nos comimos los jamones más ricos del mundo. Es más, nos compramos uno para llevarlo en la bici!!! Nos encantaba parar y tomarnos unos ricos matecitos calientes, con jamón y pan casero.
Todos los días recorríamos distintas zonas de la ciudad, deslumbrándonos con sus incontables iglesias, todas muy coloridas, con su inmenso mercado, donde uno puede comprar lo que se le ocurra, con sus museos de todo tipo, con sus cafecitos que te invitan a sentarte y, simplemente, disfrutar de “estar allí”. Todas las noches hay música y mucho movimiento en la plaza principal y frente a la catedral. Desfilan miles de personas, mirando aquí y allá. Los vendedores ambulantes intentan vender lo último del día. Son típicos los puestitos de venta de Elote (lo que en argentina llamamos choclo o maíz). Los pinchan con una maderita y lo venden con todo tipo de aderezos, siendo el principal, claro, el chile. En México todo lleva Chile!! Los elotes son enormes y nosotros nos comíamos uno todas las tardecitas.
Nos quedamos unos diez días en esta ciudad, recorriéndola una y otra vez, ofreciéndonos todos los días algo distinto, algo que nos sorprendía. También los pueblitos de los alrededores son muy pintorescos. Había tanto para mirar!! .Nos fuimos con cierta nostalgia del lugar.
El próximo destino era la ciudad de Chiapa de Corzo. El camino que hicimos desde una ciudad a la otra, fue uno de los más bellos que hayamos visto. Parábamos a cada rato, disfrutando del paisaje espectacular, que nos dejaba con la boca abierta continuamente, y también, aprovechando para charlar con diferentes personas que encontrábamos en el camino, como una familia mexicana que andaba de vacaciones, algunos agricultores, etc.
Pedaleamos 90 kilómetros y llegamos a la ciudad, que no tiene grandes cosas para destacar, pero sí sus alrededores, famosos por contener una de las maravillas de México: El cañón del sumidero.
Este cañón tiene un acantilado cuya altura va un poco más allá de los 1000 m del nivel del agua y se levanta sobre el cauce del río Grijalva, con una profundidad de más de 200 m.
Este río atraviesa los estados de Chiapas y Tabasco y desemboca en el golfo de México. En su boca sur, el cañón inicia en Chiapa de Corzo y desemboca en el embalse artificial de la represa hidroeléctrica Manuel Moreno Torres, mejor conocida popularmente como "Chicoasén"" (la quinta más grande del mundo).
El cañón se recorre generalmente en pequeñas lanchas que parten desde alguno de los embarcaderos de Chiapa de Corzo. Es impresionante ver la altura de las paredes del cañón y la vegetación frondosa que cuelga de ellas. Realmente uno se siente muy pequeñito transitando por allí.
La historia cuenta que durante la conquista española de la región, la etnia Chiapa (o soctona, en su propio idioma) realizó un suicidio masivo al arrojarse desde la cumbre hacia el fondo del cañón para evitar quedar sometidos al conquistador -con ello creían, además, alcanzar la libertad en el inframundo. La importancia y simbolismo cultural de este cañón para los chiapanecos son tan grandes que su silueta es la base del escudo de armas del estado de Chiapas
Pero, lamentablemente, nos sorprendió ver la gran cantidad de basura, principalmente botellas plásticas, que había en gran parte del recorrido. Era casi increíble poder concebir, y permanecer indiferente, ante tal desinterés por el cuidado de la naturaleza.
Luego de aquí, la idea era continuar viaje dirigiéndonos hacia el centro del país, más precisamente hacia el estado de Oaxaca. Pasamos por innumerables ciudades a lo largo de cientos de kilómetros, disfrutando de paisajes montañosos encantadores y difíciles para, finalmente, llegar a Oaxaca.
Todo el estado de Oaxaca y su capital, también del mismo nombre, están envueltos en una mística especial. La ciudad es bellísima, pero de una gran simpleza, llamando la atención la calma que parece reinar a toda hora, a pesar de la gran afluencia turística que tiene. Sus alrededores también son muy conocidos por poseer decenas de pueblitos pintorescos, los cuales se dedican -en su gran mayoría- al cultivo del agave y posterior procesamiento, para la obtención del mezcal. Existen cientos de fábricas artesanales que elaboran esta bebida típica.
Otro producto característico de Oaxaca es el chocolate, que si bien lo venden en todas sus formas, el uso principal que le dan aquí es como bebida energética, mezclándolo con agua o leche. También es habitual que realicen mezclas con otros ingredientes (tales como canela, miel, etc) para obtener sabores específicos según el gusto del cliente. Esta tarea la realizan en el momento. Es decir, uno va y le dice al vendedor: “quiero una masa de chocolate con x porcentaje de canela, tanto de azúcar, etc” y lo van elaborando ahí mismo.
Como en toda ciudad Mexicana, no pueden faltar las iglesias. Hay muchísimas y, todas, de una gran belleza arquitectónica. México es el país de mayor devoción católica que hayamos conocido. También nos llama la atención la forma en que recuerdan a sus muertos. Para ellos, nunca se fueron. El día de su cumpleaños van al cementerio y le llevan comida, bebida, música, etc, todos los gustos que disfrutaba la persona mientras vivía. Y el 1 de noviembre, día que según el calendario gregoriano es el de “todos los muertos”, los cementerios son una fiesta. Todo el mundo se junta allí, llevándole de todo a sus familiares que ya no están. “San La Muerte” es una de las imágenes más veneradas en todo el país. Debido a ello, y a lo extraño que resulta esto para los turistas, los “muñequitos de San la Muerte” son un “souvenirs” típico para llevarse.
Teníamos que continuar viaje, pero estábamos indecisos que camino seguir. México es tan grande!!! las distancias son enormes y hay cientos de paisajes y culturas diferentes para conocer. Es difícil elegir. Además, ya habíamos comprado los tickets de avión para regresar a Argentina. Era una sensación extraña. Miles de pensamientos cruzaban nuestra mente. Ya teníamos fecha de finalización de la travesía. Parecía increíble. Mejor no pensar.
Nos decidimos a virar hacia la costa del pacífico, para darnos el último chapuzón en este mar que tanto habíamos disfrutado durante el viaje.
Dejamos parte del equipaje en Oaxaca, con la idea de ir hasta el mar y volver nuevamente aquí, para luego subir hacia el Distrito Federal, capital de México.
Nos subimos a las bicis con la grata sensación de mayor liviandad. Tardamos bastante en dejar atrás la ciudad, debido a lo grande (3.432.180 habitantes) y extendida que es. El paisaje era muy bello, cambiante y entretenido, por lo que disfrutamos mucho el pedaleo, a pesar del esfuerzo por las subidas persistentes del camino. Teníamos que pasar una cadena montañosa.
La primer parada fue 120 kilómetros más adelante, en un pueblo llamado Miahuatlan. Llegamos cansadísimos, muertos. Entramos en el primer hostal que vimos, que resultó ser espectacular, y llamativamente, económico. Un golpe de suerte?. Aquí conocimos un Mexicano simpatiquísimo con el que charlamos largo rato. Nos relajamos un rato en la pileta y luego salimos a caminar un poco por el pueblo. No había mucho por hacer.
Al otro día continuamos viaje por un camino más empinado aún, pero el esfuerzo se veía recompensado por la belleza atrapante del paisaje. Montañas cubiertas de bosque espeso, flores coloridas y extrañas, nubes que bajaban y parecían pompones de algodón, pájaros y mariposas que parecían alentarnos. Y un silencio intimidante. Despacito, despacito íbamos avanzando.
Decidimos quedarnos en la entrada de un pueblito minúsculo, donde había una posada con una vista impresionante. Parecía estar colgada en el abismo de la montaña. El lugar se llamaba San José del pacifico y era visitado, mayormente, por hippies, trotamundos y bohemios en busca de alguno de los chamanes del pueblo, que ofrecían “buenos viajes” a través de los hongos alucinógenos.
Al otro día salimos a pedalear con una llovizna persistente y frío. Los primeros kilómetros fueron nuevamente de subida para luego convertirse en una larga y feliz bajada. La ley elemental: todo lo que habíamos subido ahora lo teníamos que bajar. Pero la ironía fue que, justo en ese momento, nuestros frenos empezaron a fallar. Paramos varias veces a ajustarlos, debido a lo peligroso que resultaba bajar una montaña tan empinada y llena de curvas, sin frenos. El paisaje siguió siendo asombroso.
Hicimos unos 120 kilómetros y finalmente, casi de noche, llegamos a Puerto Ángel, a orillas del pacífico. Otra vez pasamos del clima fresco de la montaña al caliente de la costa.
Al otro día recorrimos varias playas que quedaban a pocos kilómetros del pueblo. Las había de todo tipo y tamaño: con mucha gente o solitarias, con rocas o de arena, nudistas, etc. Disfrutamos del mar aunque la noche anterior había llovido mucho y estaba todo revuelto.
Dos días después decidimos seguir viaje hacia la playa mexicana más conocida del pacífico: Puerto Escondido. Allí van todos los surfistas deseosos de desafiar las olas más peligrosas. Pedaleamos los 90 kilómetros que separan Puerto Angel de Puerto Escondido bajo un calor agobiante, matador. No sabíamos qué beber para calmar la sed constante que sentíamos. Este recorrido fue muy emotivo para nosotros, ya que era uno de los últimos pedaleos del viaje.
Finalmente llegamos y nos sentimos felices de haber ido hasta allí. Nos hospedamos en una de las playas más concurridas de Pto. Escondido, llamada Zicatela. Nos quedamos perplejos al ver el tamaño de las olas!!! En todo nuestro viaje nunca habíamos visto olas tan grandes. Nos sentamos en la arena, al igual que muchísimas otras personas, a mirar simplemente el espectáculo que ofrecía el mar. Sólo algunos surfistas exprimentados se animaban a desafiar semejantes olas. El ruido era impresionante. Nos quedamos horas tirados en la arena.
Estuvimos tres días disfrutando de este bellísimo lugar y de nuestro último contacto con el mar.
Volvimos a Oaxaca a buscar el resto del equipaje y aprovechamos para quedarnos un día más en la ciudad, el cual disfrutamos recorriendo los inmensos mercados que se encuentran en el centro. Y también para comer una vez más la comida típica de Oaxaca: Pollo en Mole. La mole es una especie de salsa un poco picante, que lleva chocolate, y que se incluye casi a diario en el menú de los mexicanos. Nos resulta sabrosa, aunque de un sabor extraño para nuestro paladar. Esto quizás se deba a la enorme diversidad de hierbas aromáticas que utilizan para todas las recetas en general. Fascinante!
Ahora nos faltaba el último paso…. llegar a la capital del país. Como sólo nos quedaban escasos días para tomar el avión de vuelta y varios kilómetros de distancia por recorrer, decidimos hacer este último tramo en bus, para tener tiempo suficiente de recorrer la ciudad más grande del mundo (que no es poca cosa!!).
Guardamos nuestras bicicletas en las lonas de viaje y nos subimos al bus. Era una sensación muy extraña. Mientras íbamos en camino, con el Negro pensábamos en lo distinto que era viajar de esa manera. No escuchábamos ningún ruido externo, no podíamos ver ningún animal, no podíamos parar cuando nosotros queríamos, no podíamos ver que había plantado en los campos, no sabíamos que temperatura hacía afuera, no nos cruzábamos con nadie. Eso sí: íbamos más cómodos y sin ningún esfuerzo. Pero, de qué nos servía?
México es un País enorme, con un territorio de 1.972.000 Km2, todos los climas y paisajes posibles (montaña, mar, desierto, etc), y 101.000.000 de habitantes. De este número, 22.000.000 personas habitan en la capital, por lo cual es considerada la mayor metrópolis del mundo. Se ama o se odia. Lo mejor y lo peor del país se concentran en el altiplano donde se extiende Ciudad de México. El resultado es una mega ciudad contaminada y bulliciosa, donde se mezclan la música y el ruido, el aire viciado y los parques verdes, los palacios coloniales, los museos de renombre internacional y los interminables suburbios de chabolas.
En todo el país se habla el español y más de 50 lenguas indígenas (el 30% de su población es indígena). Y su presidente actual es Federico Calderón.
Llegamos a la capital con lluvia y nos costó desplazarnos por la ciudad. También estábamos un poco eufóricos e histéricos. Para nosotros representaba demasiado este momento y no podíamos dejar de pensar en el día que partimos de Argentina, con un sueño por cumplir y toda la ansiedad del mundo
Volvimos a la realidad, y lo primero que teníamos que decidir era en qué zona hospedarnos, ya que había que tener en cuenta muchas cosas, como la seguridad, las distancias para moverse, los lugares turísticos, etc. Nos quedamos en una zona llamada “Roma”, entre la denominada “Zona Rosa” y el exclusivo barrio de “Condesa”. Fue una buena elección, ya que todo nos quedaba relativamente “cerca”.
Lo primero que sentimos al otro día, cuando buscamos un poco de información respecto a la ciudad, fue una especie de desesperación. Había tantas cosas para hacer y conocer, que el tiempo no parecía alcanzar jamás!! Tomamos un mapa y marcamos los lugares a los cuales les daríamos prioridad. Era evidente que no podríamos visitar todo.
El centro histórico de la ciudad fue considera por la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad, en parte, porque concentra los mejores ejemplos de edificaciones virreinales. Y en él existen innumerables sitios de interés para cualquier persona. La plaza de la Constitución, también conocida como Zócalo, es una de las plazas más grandes del mundo, de enorme trascendencia como centro cultural, político, histórico y simbólico de la ciudad y del país. Está rodeada por el Palacio Nacional, la catedral Metropolitana y por varios edificios de gobierno. La catedral Metropolitana fue el principal centro religioso del Virreinato y es, hoy en día, la iglesia más grande de América Latina. Para construirla, destruyeron los principales templos ceremoniales y religiosos del imperio azteca. El único que aún hoy se puede visitar es el Templo Mayor, a escasos metros de la Catedral.
Otro edificio espléndido y distintivo de la ciudad es el Palacio de Bellas Artes, cuya cúpula parece paralizar los ojos de quien la mira. En el interior, sus muros están cubiertos de pinturas y frescos de los artistas más importantes de México.
A su lado se encuentra la Alameda Central, que es el parque público más antiguo de la Ciudad de México y uno de los lugares de esparcimiento más entrañables para los habitantes de la urbe.
Las calles más céntricas son concurridas por miles de personas cada día, entre trabajadores y turistas. En ellas se palpita un dinamismo contagioso.
La avenida más importante es conocida como “Paseo de la Reforma” y es, en verdad, un espléndido “paseo”. Hay una especie de parque o plazoleta en el medio de los carriles que van y vienen, lo que permite a los peatones caminar por el medio y disfrutar de las innumerables obras de arte que hay en ella y de los diferentes edificios a un lado y otro. También existen varias rotondas a lo largo de la avenida y, en cada una de ellas, un monumento importante. El más significativo, y utilizado como símbolo de la ciudad, es el monumento llamado “Ángel de la Independencia”. Pero también se destacan la fuente de Diana Cazadora, El monumento a Cuauhtémoc, etc.
En verdad toda la ciudad impresiona gratamente por la enorme cantidad de obras de arte que se puede apreciar en la mayoría de sus calles, embelleciéndolas enormemente.
Otro día nos dedicamos a visitar el famoso bosque de Chapultepec (que sería como el Palermo de Buenos Aires) y el Museo de Antropología. Al bosque fuimos en bicicleta y estuvimos varias horas para poder recorrerlo en su totalidad. Chapultepec ha sido por siglos un punto de atracción para todas las familias mexicanas. Justo era domingo, así que estaba invadido de gente. Respecto al Museo de Antropología, es considerado uno de los más importantes del mundo en este rubro. Tiene tres pisos y lleva varias horas solamente para recorrerlo. Impresiona la gran cantidad de objetos que tienen y la calidad y claridad de su exposición. Uno de los lugares más recomendables de Ciudad de México!!
También fuimos a conocer la famosa Basílica de Guadalupe, la cual congrega gran cantidad de gente cada día. Los mexicanos son extremadamente devotos a esta virgen y es la patrona del país. En el lugar hay varios templos. La antigua iglesia de Guadalupe, la cual se esta literalmente derrumbando, y la nueva, con un estilo moderno. También hay otras iglesias más pequeña a su alrededor.
Para movernos de aquí para allá, utilizábamos siempre el metro (subte), el cual tiene una red completísima y bastante descentralizada, por lo cual era fácil hacer combinaciones. También es para destacar la limpieza de las estaciones, la puntualidad en los horarios y la gran frecuencia que tienen.
Otro lugar que no queríamos perdernos era Xochimilco, uno de los sectores de la Ciudad de México donde el pasado lacustre que caracterizó alguna vez a todo el Valle de México se encuentra presente y forma parte de la vida cotidiana, en un entorno lleno de tradiciones y con siglos de historia, que pasó a ser también declarado por la UNESCO "Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad".
Un poco de historia. Ciudad de Mexico se encuentra ubicada en un valle que, antiguamente, estaba cubierto por un lago. Los indígenas que habitaban la zona en su momento fueron estableciendo pequeñas aldeas en porciones que le iban ganando al lago, las cuales se denominaron Chinampas, y se construían con sieno y limo, y se anclaban por medio de las raíces de ahuejotes, un árbol típico de la zona. En ellas desarrollaron la agricultura, cultivando maíz, chile, frijol, calabaza entre otros. También muchas flores. Esta forma de cultivar demostró ser sumamente productiva ya que podían obtenerse hasta tres cosechas al año, gracias a la riqueza de minerales en el suelo, a la abundancia de agua y al buen clima de la región.
Los españoles quedaron fascinados e incrédulos cuando llegaron a este lugar.
Con el paso del tiempo, el gran lago que cubría al Valle de México fue desapareciendo como parte de una medida gubernamental para evitar inundaciones y también por una despreocupada relación con el medio ambiente. Fue de esa manera que las trajineras (una especie de bote) y balsas que antaño partieran de Xochimilco, hasta el actual Centro Histórico de la ciudad, fueron viendo cada vez más restringida su navegación hasta convertirse en la actualidad en un recuerdo de otros tiempos y en un medio de comunicación local entre los canales y lagos de la zona.
Actualmente Xochimilco, se encuentra en un periodo de definición y asimilación, entre sus ricas tradiciones y los retos urbanos que implica formar parte de esta inmensa ciudad. Sin embargo aún es posible navegar ese gran pasado lacustre visitando sus embarcaderos y recorriendo sus canales y chinampas en las tradicionales trajineras.
El paseo por Xochimilco es de un colorido espectacular. Uno puede tomar alguna de las miles de trajineras y pasear entre las chinampas, entre mariachis y musica de todo tipo, vendedores ambulantes que ofrecen de todo desde sus botes, etc. Aquí nos encontramos con una señora argentina, de Neuquén, que había llevado su mate y nos convidaba desde su trajinera.
En las noches salíamos a recorrer diferentes zonas, disfrutando de comidas típicas, muestras artesanales, espectáculos, etc. Uno de los espectáculos más característicos de México es la denominada Lucha Libre, la cual se desarrolla en estadios o “Arenas”. Estas luchas despiertan la pasión de los Mexicanos y no existe ninguno que no tenga su luchador favorito. Es común ver tiendas que se dedican exclusivamente a la venta de las diferentes máscaras de los ídolos del momento. Esto también despierta la curiosidad e incredulidad de los turistas que visitan la ciudad, por lo cual es uno de los paseos mas comunes que se realizan. Nosotros fuimos una noche a la “Arena de Cuauhtemoc”, donde nos divertimos mucho. Es un show impresionante, no solo el que realizan los personajes, sino también en la ferviente actitud de los “hinchas”. Parece un partido de futbol. Gritamos a rabiar a favor de uno de los personajes que mas nos gustaba: Blue Panter!!!. Por supuesto, terminamos comprando unas mascaras que lucimos con mucha gracia!!

Y aunque nos pareciera imposible, llego el día de preparar las valijas. Estábamos felices porque pronto volveríamos a ver a nuestras familias y amigos, que tanto extrañamos y queremos. Felices por haber disfrutado de un año de libertad absoluta, de tiempos solo impuestos por nosotros, de aprendizaje continuo, de contacto con gente que nos marcó para toda la vida y que la llevamos en nuestro corazón y que nos hacen llorar de emoción cuando las recordamos, felices de haber crecido como personas teniendo experiencias que solo se pueden vivir cuando uno se anima a saltar al vacio, a creer más en uno mismo y no tanto en lo que otros marcan. JAMAS olvidaremos los momentos vividos y los millones de recuerdos que habitan nuestro alma. No tiene precio sentir lo que sentimos. No tiene precio el jugarse por uno mismo.
Y lloramos. El sueño se había cumplido. Pero se había cumplido mucho atrás cuando nos habíamos decidimos a dar el primer paso.
También sabemos que el apoyo constante de nuestros amigos, de nuestros padres y hermanos fue fundamental para sentirnos acompañados. También el corazón abierto de aquellos con los que nos cruzamos en el camino. A todos ellos, le dedicamos esta felicidad y plenitud que sentimos.
Llegamos al Aeropuerto, con todos nuestros bolsos sucios y nuestras bicicletas empacadas, y Milagritos, la planta de noni que nos habían regalado en Tulum. Ella fue nuestra mascota en esta última etapa del viaje y también se volvía con nosotros.
Argentina estaba a un dia de viaje. Teníamos muchas ganas de llegar. Y llegamos.

miércoles, agosto 08, 2007

BELICE: Go Slow !!


Belice, uno de los países más desconocidos de América Central para nosotros. Y también uno de los más intrigantes.
Llegamos a la frontera un poco nerviosos ya que sabíamos que los Argentinos no podían pasar libremente por ese país (Belice fue hasta hace pocos años una colonia Británica). Nos encontramos con unas oficinas fronterizas de lo más ordenadas y limpias, bastante diferente de lo que generalmente uno se encuentra en las aduanas del resto de los países. No había miles de vendedores ambulantes, no había cientos de personas que te persiguieran con el cambio de dinero… no había basura… extraño.
Bueno, finalmente nos llego el turno y nos encontramos con un oficial de aduana que nos explicaba, a medio español (la lengua oficial de Belice es el Ingles) que si éramos Argentinos, podíamos pasar, pero necesitábamos obtener primero la visa. Por lo cual nos pedían una foto, completar formularios, 100 dólares cada uno, y luego, un oficial evaluaría si nos dejaban pasar o no. La otra opción era pegar la vuelta. Vaya alternativa!
Bueno, por supuesto elegimos la opción uno! Habíamos pedaleado hasta ahí… no íbamos a pegar la vuelta!! A pesar de la rabia de tener que pagar y, mientras, ver pasar a todos los turistas norteamericanos y europeos con una sonrisita, mientras nosotros estábamos en “evaluación” era indignante! Finalmente determinaron que éramos “dignos” de entrar… así que bueno… comenzamos a pedalear tierras Belizeñas.
El negro estaba preocupadísimo por el idioma!!! Y me hacia reír con sus comentarios. Lo gracioso fue la primer parada en la ruta, en una estación de servicio, para comprar un refresco. El negro entró y, a los 2 minutos salió, enojado, diciéndome “a ver, ro, vení vos porque este muñeco me habla en ingles!!” y claro, si acá SE habla ingles ¡. Enojado porque le hablaban en su propio idioma. Muy gracioso. Por suerte, Belice tiene una enorme diversidad étnica. Entonces, si bien el idioma oficial es el inglés, la gran mayoría también habla español, kriol y garífuna.
Los creoles – descendientes de esclavos africanos y piratas británicos – es el grupo cultural dominante en Belice. Ellos hablan el kriol, una especie de dialecto ingles. También están los Mestizos -descendientes de europeos y los indígenas de Centroamérica- , los Mayas –que a su vez están divididos en tres grupos lingüísticos: los Yucatec, los Kekchi y los Mopan – y los Garífunas, que habitan el sur del país y son descendientes de los esclavos africanos y los indígenas del lugar.
Ese primer día pedaleamos unos pocos kilómetros hasta la primer ciudad que queríamos conocer: San Ignacio de los Cayos. La ciudad en sí no tiene grandes atractivos, pero si sus alrededores, que esconden hermosos ríos, montañas, cuevas prehistóricas, etc, que hacen que este lugar, sea muy visitado por todos los amantes de la aventura.
San Ignacio tiene unos 20.000 habitantes y se encuentra ubicada en un hermoso valle. Una de las cosas más destacadas de la ciudad es el bonito y llamativo puente de Hawkesworth, sobre el río Macal, el cual divide a la ciudad en dos.
Nos quedamos dos días aquí, disfrutando simplemente el sentarnos en algún lugar y mirar a la gente, los carteles, el movimiento de la ciudad. Las personas en general, son muy amables, alegres y extrovertidas. Te ven en la calle y ya se vienen a conversar con uno.
También las construcciones en Belice son diferentes al resto de Sudamérica y Centroamérica. Aquí se construye casi todo utilizando madera, al estilo victoriano, que luego pintan de vivos colores.

Nuestra idea, luego de San Ignacio, era seguir rumbo hacia Belice City, ya a orillas del mar Caribe. Como la distancia era mucha para hacerla en un día, teníamos que quedarnos a dormir en algún lugar. No había muchas opciones. Belice es un país escasamente poblado, por lo cual, solo tiene algunas ciudades medianas o grandes y luego, la gran mayoría, son pueblitos que no superan los 2000 habitantes. La población total de Belice es de 300.000 personas!! Y, la capital del país, Belmopan, solo cuenta con 10.000 habitantes. Pero, en este caso, la ciudad más poblada no es la capital del país, sino que es Belice City, con unos 70.000 personas. Esto sucede porque la capital se cambio hace pocos años. Antes, la capital era Belice city, pero debido a los continuos huracanes que azotan esa zona (se encuentra a orillas del Caribe), decidieron mudar la capital hacia Belmopan, más al centro del país. Pero la realidad es que casi nadie se mudo!! Y la gran actividad económica y comercial del país aún se sigue desarrollando en Belice City.

Así que salimos a pedalear con la idea de quedarnos en “algún lugar” a mitad de camino. Salimos tempranísimo, ya que el calor es muy intenso en esta zona. A las 10 de la mañana el sol ya quema de una manera alarmante. Y, para sumarle mas dramatismo, el viento, como siempre, se empeña en estar en nuestra contra, no importa la dirección que elijamos. Todos los días, tipo 9 de la mañana, el viento comienza a soplar, fuerte y en contra.

Mientras íbamos en la ruta, disfrutábamos de los carteles de la ruta. También de los personajes extraños que nos saludaban. Los Belizeños se visten de manera estrafalaria, según nuestras costumbres. Colores chillones, ropa grande o ajustada, pero siempre en extremo. Lunares, dibujos, cuadros,…. Lo que sea, pero siempre bien llamativo. Y a nosotros nos encantaba!! Nos parecía que derrochaban seguridad y diversión en sus vestimentas. Jugaban. Sus peinados extraños, sus rastas, sus sombreros originales. Había tanto para mirar!!

Además de la diversidad étnica, también es enorme la diversidad religiosa. Católicos, Protestantes, la mayoría metodistas y anglicanos, pero también Menonitas, del séptimo día, etc., así como también seguidores de filosofías hindúes, budistas, musulmanas, etc. Esto se nota en la gran cantidad de iglesias que hay en la ciudad, así como también en las rutas, donde nos hemos cruzado con una gran cantidad de Menonitas.

Mas o menos a mitad de camino, nos encontramos con una reserva ecológica llamada Monkey Bay, que tenía un lindo lugar para acampar. Así que nos quedamos. Armamos la carpa debajo de una de las Palapas (en la mayoría de los países, en los lugares dispuestos para acampar, hay unas especies de “cabañas sin paredes”, es decir, techo de palma, piso de material, lugar para colgar la hamaca, pero sin paredes, al aire libre. Ahí uno arma la carpa. Esto es buenísimo, porque no le da el sol a la carpa y, porque si llueve, todo esta protegido).

El lugar era tranquilo, con mucha vegetación. A la tarde nos fuimos a nadar a un río que quedaba cerca, llamado Sibun. Pero, lo mejor de la zona era un parador en la ruta, que quedaba a escasos 300 metros de la reserva, y que era de película. Parecía sacado de un film de vaqueros del lejano oeste. El estilo de construcción, sus luces, sus meseros, la música, la gente que iba. Todo era alucinante, como diría mi amiga Marisa. Y, además, la comida riquísima. Nos tomamos unas cervecitas Belikin (la marca mas famosa de Belice), mientras disfrutábamos de ese lugar tan particular.

Al otro día, tempranito, seguimos viaje hacia Belice city. El paisaje de la ruta no era nada espectacular, más bien, bastante aburrido. Por suerte, ya casi llegando al destino, encontramos un pequeño poblado donde comprar alguna fruta y algo para tomar.
Aquí se miden las distancias por millas y el dinero oficial es el dólar Belizeño. Un dólar americano es igual a 2 dólares Belizeños. Un país caro para nosotros.
Respecto a la historia, podemos decir que la democracia institucional y los partidos políticos fueron establecidos a partir del año 1947 (hasta ese entonces era una colonia británica), pero el gobierno propio no se estableció hasta el año 1962. En 1973 se le cambió oficialmente el nombre al país, de “Honduras Británicas” a Belice. Y recién en 1981 Belice se declaro, oficialmente, como una nación independiente.

Llegamos a Belice city al mediodía y, enseguida, buscamos un lugar para quedarnos. La idea era quedarnos 2 o 3 días en esta ciudad, pero la verdad, no nos gusto demasiado. Mucha gente, calor, y excesivamente cara. Nos quedamos solo un día. Nos dedicamos a caminar las calles, ver las construcciones características de aquí y observar su gente. Lo que nos llamo la atención fue la gran cantidad de gente pidiendo en las calles. Belice es un país con un gran porcentaje de gente pobre. Este país nos recuerda mucho a Brasil, donde la pobreza no opaca a la alegría. Aquí la gente se ve alegre y la frase que todo el mundo tiene en la boca es “Go slow” (ve tranquilo) y “taking it easy” (algo así como “no te preocupes”, “tómalo con calma”). Y así realmente piensan y viven. Esas dos frases resumen su estilo de vida. El deporte nacional es el descanso en las hamacas, bajo las galerías frescas de sus casas.

Todos los viajeros con los que nos habíamos cruzado a lo largo del viaje, nos hablaban de las “espectaculares aguas” de los cayos sobre el mar caribe, en Belice. Pero, una vez allí, se nos complicaba a nivel “monetario”. Averiguamos un poco y, finalmente, decidimos que no podíamos estar en Belice y no conocer sus cayos, mundialmente famosos. Así que dejamos las bicis y casi todo nuestro equipaje en el hospedaje de Belice city, y partimos, en una lancha, solo con unas bermudas, unas remeritas y las ojotas, rumbo a uno de los famosos cayos, el llamado Caulker.

Fue llegar y darnos cuenta que habíamos tomado la decisión correcta! Era de una belleza, sencillamente, increíble. Parecía un lugar sacado de una postal. Belice tiene unas 180 millas de barreras de coral, la más larga del hemisferio. Al oeste de esta barrera, el mar es muy calmo y poco profundo. El agua de un color turquesa impactante y, tan transparente, que desde la lancha, se puede ver el fondo y los peces. Los cayos son una especie de isla pequeñísima, en el medio del mar. En Belice existen decenas de ellos, pero dos son los más famosos. Nosotros fuimos a uno de ellos, Caulker. En él viven unas 2.000 personas. Hay muchas hosterías y restaurantes. Las construcciones todas en madera y, las calles, de arena blanquísima. Es que el pueblo es como una extensión de la playa ¡!!! Palmeras, música regaee, hamacas, no existe el transito vehicular….se puede pedir algo mas?. Las noches, tranquilas. Decenas de muelles que salen del cayo, donde uno puede sentarse y, simplemente, contemplar el mar.

Nosotros fuimos por una noche y nos quedamos tres! La principal actividad durante el día es tomar alguna lanchita que te acerque hasta la barrera de coral y hacer snorkel o bucear. Gente de todo el mundo viene aquí, simplemente, por la belleza del submarinismo. Hay varias reservas marinas en el mar, como Shark Ray Alley o Hol Chan Marine Reserve, donde la diversidad de peces, corales, etc. es increíble. Nosotros nos fuimos un día, con un grupo y un guía, hasta la barrera de coral, a unos 2 km de la costa, y fue una experiencia hermosa. Plantas y Peces de todos los colores imaginables. Lo mas extraño?? Bueno, sentimos bastante miedo, por no decir otra cosa, cuando un grupo de 15 rayas, aproximadamente, llegaron y se pusieron a nadar con nosotros, pasándonos por debajo del cuerpo a escasos centímetros. Con el negro estábamos como petrificados, pero veíamos que otras personas hasta las tocaban! Y ellas parecían disfrutar de la presencia humana, paseándose de aquí para allá, yendo y viniendo. Nosotros, la verdad, no podíamos dejar de mirar su larga cola y pensar en el famoso y finado cazador de cocodrilos.!! Pero las rayas pasaron a ser poco preocupantes, cuando un lindo tiburoncito (2,5 mts aprox.) se cruzo por delante nuestro. Pasó nadando lentamente, ignorándonos por completo, para nuestra alegría. El guía se reía y decía que no hacían nada. Después del tiburón, sentimos que ya era hora de salir del agua y subir a la lancha!. Demasiadas emociones para un rato.

Una de las noches, miramos en un bar, el partido de Argentina y México, en los juegos Panamericanos de Venezuela. Gritamos los goles, aunque estábamos en medio de algunos ingleses que, por supuesto, hinchaban para México. Nos fuimos contentos con el triunfo de Argentina, aunque unos días después íbamos a ser el blanco de cargadas de todo el mundo…

Finalmente, había que volver. Tomamos nuevamente la lancha hacia Belice City y, una vez allí, buscamos nuestras bicis y seguimos camino rumbo a la frontera Mexicana. Fuimos hasta Orange Walk, después hasta una ciudad llamada Corozal, para llegar finalmente, luego de unos 200 km, a la frontera.
México estaba a escasos metros. Y nuestra emoción era grande.

domingo, julio 22, 2007

GUATEMALA: El alma de la Tierra.

Llegamos a Guatemala con un mundo de expectativas y la ilusión de conocer una de las culturas que mas nos desvelan: la cultura maya.. Luego de pasar la frontera, la primer ciudad a la que arribamos fue Escuintla. Queda a unos 100 kilómetros rumbo norte, por una carretera que en su mayor parte es plana, muy verde y con una vegetación hermosa. La ciudad no tiene atractivo turístico, pero es importante comercialmente para la zona. Tiene unos 100.000 habitantes y fama de ser bastante peligrosa. Pasamos la noche aquí y al otro día ya teníamos como objetivo pedalear hasta una de las ciudades mas bellas de Guatemala: Antigua. El problema era que a partir de aquí volvíamos a tener que enfrentarnos con la zona montañosa que atraviesa a toda centroamérica. Así que salimos temprano, mentalizados en que nos tocaría una jornada dura de bici. Apenas salimos de la ciudad, tres esplendidos volcanes hicieron su aparición, regalándonos un paisaje maravilloso. Al ratito comenzamos a subir y subir, pasando por verdes cafetales. A pesar del esfuerzo, valía la pena hacer este recorrido, para disfrutar al máximo su naturaleza. Ya casi llegando a Antigua, en la ruta comenzamos a ver a los lugareños vestidos con sus trajes típicos, acarreando leña para sus hogares.

La ciudad de Antigua nos cautivo apenas llegamos. Sus construcciones coloniales, sus calles empedradas, los volcanes que la rodean, hombres y mujeres vestidos con los trajes típicos mayas (hoy en día hay unas 30 etnias indígenas descendiente de los mayas que viven en Guatemala), todos ellos mezclados con los cientos de turistas de todas partes del mundo que llegan cada día.

Buscamos un hostel que nos gusto bastante, sobretodo porque tenía cocina, cosa que muchas veces apreciamos para poder cocinarnos algo "argentino".

Al rato ya estábamos caminando sus calles. Una de las cosas que nos pareció distinta respecto al resto de ciudades coloniales que conocimos, es que Antigua tiene todo su perímetro urbano construido de forma colonial, mientras que otras ciudades solo mantienen un casco histórico, pero el resto de las construcciones ya son modernas.

También es increíble ver la gran cantidad de viajeros que visitan esta ciudad, lo cual, a veces, es agobiante. Sobre todo se pueden ver muchísimos mochileros y viajeros jóvenes que quedan aquí varios meses para estudiar español. Esto hace que sea una ciudad muy activa.

Antigua tiene unos 40.000 habitantes y la gran mayoría vive del turismo.

Al otro día salimos a recorrer la ciudad pero en bicicleta. Aprovechamos para dar mil vueltas, sobre todo por las partes mas alejadas del centro. En Antigua hay cientos de Iglesias, algunas con una arquitectura muy bonita. Aquí, en Guate (como le llaman los guatemaltecos a su país) el catolicismo es muy fuerte y es muy común ver diferentes tipos de manifestaciones al respecto. Por ejemplo, los días domingos, adornan las calles con flores, pétalos, césped, etc., para que pasen procesiones (de diferentes santos o vírgenes cada semana) sobre ellas. Así que uno se encuentra con calles cuyos adoquines están tapados de pétalos de flores, incluso muchas veces con algún diseño llamativo. Y los vecinos, todos regando y preocupándose por mantener bonito el arreglo.

Hoy aprovechamos para comer dos de las comidas típicas de aquí: pepian de gallina y chiles rellenos. El pepian se prepara con una gran variedad de verduras asadas, hasta que estén tostadas. Aparte hierven algún tipo de carne (gallina, res, puerco) y con esa agua hacen un licuado con todas las verduras asadas. Queda como un caldo espeso, súper sabroso, bien condimentado y con los trozos de la carne mezclado. Es riquísimo.

Los chiles rellenos, son chiles rellenos de carne y algunos otros condimentos, que luego se pasan por huevo, se enharinan y se fríen. También son exquisitos. También aquí, pero sobre todo mas al norte, donde hay mas montañas y hace un poco mas de frío, el caldo de gallina de campo es muy habitual. Hacen mucho hincapié en que no utilizan pollo de supermercado, sino "autenticas" gallinas criollas. Al fin una variedad a la comida típica de toda Centroamérica, arroz y frijoles!!. Respecto a la bebida, el ron sigue siendo el rey del lugar.

Otro día decidimos conocer uno de los lugares mas promocionado de los alrededores de Antigua: el volcán Pacaya. Según nos comentaban, el volcán estaba activo y el espectáculo era impresionante. Pero nosotros, ya descreídos un poco con este tipo de "promociones", fuimos con una expectativa media. Luego de una hora y media en colectivo, llegamos al Parque Nacional Pacaya. A partir de allí, unos 45 minutos de caminata en ascenso, hacia el volcán. Justo en ese momento, comenzó una lluvia bastante intensa.. La caminata empezó suave al principio y muy fuerte después. El camino es totalmente en subida, comenzando por los 1500mts hasta llegar a los 2300 (estando el pico a 2600mts). En cuanto al trayecto, es muy boscoso en su gran parte, pero faltando muy poco se ingresa en una parte de planicie bien despejada de vegetación, producto del efecto de la lava. A partir de ese momento, se comienza a escalar, sobre piedra volcánica fría y muy negra y filosa, hasta donde baja el río de lava que emerge del cráter. Parece imposible estar viendo un río de fuego que corre montaña abajo!!!!!!! Con el negro empezamos a reírnos y a gritar de la emoción! Además, de las grietas de piedras salía muchísimo vapor, producto del calor interno del volcán, mas los efectos de la lluvia fría que caía. La escena era rarísima. Nos acercamos hasta la lava lo más que pudimos, por el calor. Nos quedamos ahí hasta la tardecita y bajamos ya de noche, viendo el espectáculo del fuego a la noche. Fue una excursión hermosa.

Al otro día nos sorprendió un hecho nada esperado por nosotros. Un sismo. Estábamos en el hostel, charlando con tres personas que trabajaban allí, cuando una de ellas empezó a gritar que se movía la tierra. Nosotros contuvimos el aliento y enseguida empezamos a sentir como si la tierra se meneara. Ellos nos indicaron que fuéramos rápido a ponernos debajo de las puertas (ya que supuestamente, ante un desplome, es la parte mas segura de una instalación). Nosotros nos mirábamos y no entendíamos nada. La sensación del suelo temblando, y de todo moviéndose, es algo difícil de explicar. Las personas de allí estaban muy preocupadas y decían que era mas fuerte de lo habitual. Pasado el susto, nos enteramos que había sido un sismo de 5.4 grados. Las radios, pidiendo a la gente que comprara agua y alimentos no perecederos (ya que es muy común, parece, que luego de un temblor, venga una segunda replica, por lo general, mas fuerte), la televisión haciendo lo mismo (incluso en cnn internacional hablaban de terremoto) y la gente a nuestro alrededor, desesperada, llamando a sus familiares para asegurarse que estuvieran bien. Una situación tan desconocida por nosotros. Angustiante. Por suerte, no hubo replica. Pero como explicarles el estado de alerta que uno tiene después de algo así!! El negro, siempre previendo las situaciones, ya se había inventado todo un sistema para que nos avisara de un movimiento durante la noche. Muy gracioso.

En Antigua nos quedamos 6 días. El próximo destino era el famoso lago de Atitlan y los múltiples pueblitos que lo rodean. Dejamos parte del equipaje en Antigua (ya que pensábamos volver aquí) y salimos rumbo a Tecpan, una ciudad que queda a mitad de camino de Atitlan, por lo cual pensábamos pasar la noche aquí..

El camino seguía en subida forzosa, teniendo que exigirnos en el pedaleo. Aunque, con menos equipaje, podíamos disfrutar mas del camino. En la ruta nos encontramos con un guatemalteco que fabrica distintos tipos de maquinas con bicicletas. Es una organización sin fines de lucro y que ayuda, generalmente, a la gente de escasos recursos. Una persona con un alma generosa. Nos invito a quedarnos en su casa, pero nos quedaba lejos del camino que seguíamos. Pensamos que tal vez, a la vuelta, podríamos ir. Lamentablemente, no pudo ser así.

Llegamos a Tecpan, una ciudad típicamente indígena, bajo la lluvia. No pudimos hacer mucho a la tarde por la lluvia intensa, pero al menos pudimos disfrutar un poco del mercado indígena de la ciudad. En todas las ciudades de Guatemala, hay mercado 2 o 3 veces a la semana, donde todos llevan sus cosas a vender: desde huevos, carnes, verduras y frutas de todo tipo, hasta cremas, artesanías, etc. Aquí uno se asegura de comprar productos frescos y directamente a sus productores. Así que muy temprano a la madrugada, hay un movimiento enorme con todos bajando sus cosas y armando sus puestitos.

Al otro día seguimos camino rumbo a Panajachel, la ciudad/pueblo mas grande del lago de Atitlan. Este lago es muy famoso y siempre lo ha rodeado un aire de misticismo. Para los mayas es un lugar sagrado. Y para cualquier persona, una belleza para la vista. Nadie puede quitar los ojos de este lugar. Uno queda como enredado en sus historias, en esa sensación de bienestar que flota en el aire, en la creencia de su gente, en la sencillez con la que viven. El lago esta rodeado de innumerables volcanes y, en sus laderas, casi tocando las aguas del lago, decenas de pueblitos pintorescos. Panajachel es uno de ellos.

Nos quedamos 3 días en este pueblo, disfrutando de sus tranquilas calles, de los negocios, de las artesanías. En esta zona de Guatemala son muy reconocidas las artesanías de mostacilla. Al recorrer la conocida calle de Santander en Panajachel, múltiples tiendas ofrecen una de las principales artesanías del lugar, joyería elaborada con mostacilla o chaquira, que es apreciada por propios y extranjeros. La fabricación y comercialización de esta artesanía significa el principal ingreso económico. Esta mostacilla o chaquira es importada de Checoslovaquia y son los artesanos quienes la combinan con jade, cuero, semillas, con piedras, coral, etc., para hacer mas atractivos sus diseños. A lo largo de la historia, los abalorios han sido utilizados no solo como adornos, sino también como un tipo de amuleto y símbolo de riqueza y poder.

La zona de Atitlan, junto con otras ciudades como Chichicastenango, Quetzaltenango, etc., es conocida como zona de "culturas vivas". Se le denomina así porque, efectivamente, aquí la cultura maya no es un mito o "algo del pasado", sino que esta muy viva en el día a día de la gente. Casi todos son descendientes mayas y conservan, como pueden, sus costumbres y tradiciones. Por ejemplo, en Chichicastenando se realiza, todos los domingos, uno de los mercados mas famosos del país, donde se pueden ver artesanías espectaculares. Uno puede caminar por horas y no termina de recorrer los miles de puestos de todo tipo que inundan el mercado. También otro atractivo que tiene la ciudad los domingos, son las ceremonias mayas-católicas que se realizan en las Iglesias. En la iglesia mas famosa, llamada Santo Tomas, se pueden ver a los indígenas afuera, vendiendo flores de todo tipo, mientras los sacerdotes mayas se pasean por la puerta, haciendo rituales propios. Mientras, adentro, los sacerdotes católicos dan misa, pero con cierta influencia maya. Por ejemplo, hay velas en todo el piso de la iglesia, la mitad de la ceremonia la hacen en el idioma Calchiqu'e y la otra mitad en español, etc. Para ver una ceremonia típica maya, algo lindo para conocer, había que caminar unos kilómetros hasta la cima de un monte. Allí esta un lugar que ellos llaman Pascal Abaj, donde realizan sus rituales. Estuvimos un rato allí, contemplando la forma en que ellos se comunican con sus dioses.

Después de Panajachel, nos tomamos una lancha y nos fuimos a otro pueblo del lago, llamado San Marcos. Allí la onda ecológica y "new age" invade a todos sus habitantes. Luego de un día aquí, nos mudamos nuevamente en la lancha a un pueblo llamado San Pedro de la Laguna. Aquí nos hospedamos en un hotel muy tranquilo y conocimos gente interesante. Gente que nos ayudo a comprender un poco más la cosmovisión maya y nos permitió compartir sus costumbres y creencias. Fue muy lindo para nosotros.

Luego de una semana por esta zona, volvimos nuevamente a la ciudad de Antigua, esta vez , con las bicis arriba de un colectivo, ya que conocimos el camino y no teníamos ganas de hacerlo otra vez de vuelta. Nos quedamos solo un día para organizar otra vez todo nuestro equipaje y ver que ruta seguiríamos. Aquí nos volvimos a encontrar con una pareja muy simpática de norteamericanos que habíamos conocido en el lago. Compartíamos el mismo hotel, así que nos pasamos todo el dia charlando.

El próximo destino era la zona de Cobán, uno de los centros de ecoturismo más importante del país. Pero antes, nos interesaba entrar nuevamente, aunque sea unos días, a Honduras; ya que nos había quedado pendiente conocer la ruina mas importante de ese país: las ruinas de Copan, mundialmente famosa.

Estas ruinas quedan casi en la frontera entre Guatemala y Honduras, solo a unos 12 kilómetros del límite y, a un kilómetro de ellas, se encuentra un pueblito llamado “Copan Ruinas”, donde nos quedamos a dormir. A pesar de ser un pueblo turístico y ser uno de los principales destinos de Honduras, en él aun se puede estar tranquilo y sentir en el aire un “aura” de armonía permanente.

Al otro día nos fuimos caminando hasta las ruinas y el camino ya anticipaba la belleza con la que nos encontraríamos. Un grupo de coloridos papagayos nos dieron la bienvenida, gritando y volando de un lado para otro.

En Copán se encontraron restos de 3450 estructuras en una superficie de 24 kilómetros cuadrados alrededor del grupo principal. Los restos arqueológicos de Copán, a diferencia de los demás restos mayas, se diferencian porque fueron utilizados como ciudad, mientras que los demás encontrados, por lo general, pertenecieron a edificios utilizados como templos.

El grupo principal esta compuesto, básicamente, por:

a) Las Estelas de la “gran plaza”, las cuales fueron realizadas entre el 613 y el 738 después Cristo.

b) La escalinata de los jeroglíficos: este es el monumento más famoso , el cual cuenta con 23 escalones que forman una especie de libro, aún no descifrado hasta la actualidad, aunque la mayoría de los arqueólogos coinciden que habla sobre la dinastía maya de la época.

c) La acrópolis, donde se encuentra el templo de las inscripciones y algunos altares.

La verdad que quedamos maravillados con este lugar. Parecía imposible estar pisando el mismo suelo que tantos siglos antes habitaban los mayas. La belleza de sus edificios, esculturas y arte desconciertan al más incrédulo y uno no puede dejar de emocionarse.

Luego de dos días aquí, volvimos a pedalear, pero esta vez rumbo a Coban (todos los nombres son parecidos!!) . Esta zona esta llena de opciones para realizar distintas actividades de turismo de aventura, ya sea en ríos, cuevas, puentes, etc. Uno de los lugares más promocionados es un pueblito llamado Lanquín, a unos 70 kilómetros de Coban, el cual cuenta con una caverna impresionante y unos rios hermosos. Así que nos quedamos un día en Cobán (donde dejamos parte del equipaje) y salimos rumbo a Lanquin, con la intención de quedarnos unos días allí y luego volver. Ya el camino nos gusto mucho, con una vegetación muy frondosa, montañas que nos regalaban panorámicas hermosas y un último tramo de 20km de terracería (como le llaman en Guatemala a los caminos de tierra). Para resumir, podemos decir que nos encantó la zona. Allí realizamos una excursión por una caverna donde nos divertimos mucho. En la entrada nos daban una vela a cada uno, ya que obviamente adentro había una oscuridad total. La cueva tenia la particularidad de que tenía ríos subterráneos, así que había que caminar, escalar y también nadar.. pero con la vela en una mano!. Fue divertido y salimos todos raspados de adentro. Al negro fue al primero que se le apago la vela, ya que luego de nadar el primer tramo, desesperado una vez que dio pie, no se le ocurrió otra cosa que resoplar.. y claro, apagó la bendita vela.

También visitamos un lugar llamado Semuc Champey. Es un parque Nacional que es atravesado por el río Cahabón, de color increíblemente esmeralda. Lo raro es que, por partes, el rio se mete debajo de puentes de piedra (unos 300 metros), pero arriba, se forman como pozas de agua, en forma de cascadas, en las cuales uno puede nadar tranquilo, bajo un manto de vegetación exuberante.

Otro atractivo de la zona son los Quetzales. El ave símbolo de Guatemala, figura en el escudo de armas, es el ave nacional, y también presta su nombre a la moneda de este país (Un dólar es igual a siete quetzales).. Esta ave tiene un papel importante en la mitología prehispánica y moderna de la región. Los reyes y sumos sacerdotes ancianos llevaban tocados de plumas de quetzal. En varios idiomas mesoamericanos, la voz quetzal puede significar también precioso, sagrado o erigido. Se considera que el quetzal no puede procrear ni vivir mucho tiempo en cautiverio, por eso es un símbolo tradicional de la libertad. Representa las más altas dignidades religiosas de los ancestros mayas.

De más esta decir que su belleza es impactante. El pecho y el abdomen son de color rojo carmesí, su cola puede llegar a medir hasta un poco más de un metro y en su cabeza, el verde plumaje se dispone de manera que forma un penacho sedoso de unos 3 cm de ancho. Eso si, es muy escurridizo y solo algunos, con mucha suerte, pueden lograr verlo de cerca.

Luego de aquí, volvimos nuevamente hasta el pueblo de Cobán, donde tuvimos la suerte de conocer una persona maravillosa: Leonel Pu. Es el dueño del hostal “Casa Luna”, del cual nos hicimos amigos y compartimos noches de cenas, vinos, y buena charla. Nos dio varias lecciones de bondad con su forma de relacionarse con la gente. Otra persona que nos marco durante el viaje.

El próximo lugar que queríamos conocer eran los famosos restos arqueológicos de Tikal. Así que continuamos viaje con ese rumbo, pasando por caminos de una frondosidad y verdor impresionantes, con montañas hermosas y caminos poco transitados. A los costados, innumerables atractivos turísticos que pasamos de largo, ya que de lo contrario, no salíamos más de Guate!!!.

Llegamos a la provincia de Peten, con su lindo lago. Quedamos en un pueblito y en otro, hasta que finalmente, llegamos a uno de los lugares más esperados: Tikal. Cuantas veces habíamos escuchado o visto en documentales sobre este impresionante lugar, declarado Patrimonio de la Humanidad? .. y pensar que ahora ya estábamos ahí! Con todas las expectativas del mundo!!.

Las ruinas de Tikal se encuentran dentro del Parque Nacional Tikal. Así que los últimos 20 kilómetros de pedaleo lo hicimos dentro de este parque, donde se pueden ver carteles de protección para distintas especies de animales. Fuimos con la intención de acampar ahí. Así que apenas llegamos, armamos nuestra carpita en un lugar hermoso. Con el negro pensábamos que lo único que nos hacia falta era yerba para el mate! .. y bueno.

Al otro día, tempranísimo, 4 y media de la mañana, hicimos el ingreso a las ruinas. La idea era contemplar el amanecer desde uno de los templos más famosos: el número 4. Éste era utilizado para estudios sobre las estaciones del año, por ello, su ubicación permite ver la formación de todas las demás pirámides (ya que según como el sol se reflejaba sobre los otros templos, ellos podían determinar con una exactitud increíble, los días y estaciones). De más esta decir que los mayas poseían un conocimiento superior e increíble sobre el tiempo (crearon varios calendarios que, aún hoy en día, resultan más exactos que el utilizado mundialmente, el gregoriano).

Desde aquí se puede ver la selva, que parece una alfombra, de la cual emergen todos los templos. Todos los que estábamos ahí presentes, permanecíamos en un silencio natural y respetuoso, ante tanta magnificencia.

A partir de allí no paramos de caminar, de un lugar a otro, contemplando los diferentes templos y esculturas. Subimos a varios, desde los cuales se tiene una vista preciosa. Uno de los lugares mas lindos es la llamada “la gran plaza”, donde se encuentra el templo I o templo del Jaguar.

El parque cuenta con 550 km2 y contiene miles de estructuras. Solo el área central de la ciudad, de 16 km2, contiene más de 4.000.

En 1848 comenzaron las primeras expediciones para la exploración de Tikal, realizada casi en su totalidad por arqueólogos extranjeros. Se realizaron varias restauraciones y se considera que, hasta hoy en día, solo se ha restaurado el 10% de la ciudad original.

Después de Tikal, teníamos que pensar en pedalear hasta el próximo país: México o Belice??? Nuestra idea era ingresar a la extraña Belice. Pero, al haber sido hasta hace pocos años una colonia británica, los argentinos somos “mas o menos” bienvenidos. Pero, creíamos que valía la pena el intento. Así que hacia allá fuimos.

lunes, julio 02, 2007

HONDURAS Y EL SALVADOR: Gringos y Pupusas.


Con Honduras tuvimos un encuentro fugaz, pero bonito. Fue fugaz ya que atravesamos el país por su parte mas estrecha entre Nicaragua y El Salvador, con solo 160 kilómetros de distancia entre uno y otro país, por la zona del Pacífico.


En esta zona de Honduras y El Salvador, los lugares que nos interesaban visitar estaban muy lejos uno de otro, por lo que esto nos obligaba a pensar una y otra vez cual seria el mejor trayecto a realizar. Y una vez que lo teníamos decidido, lo volvíamos a cambiar! Pero, en fin, decidimos pasar Honduras por este estrecho, luego pasar a El Salvador y, luego, volver a entrar a Honduras nuevamente por la zona norte, para visitar el punto que más nos interesaba: las ruinas Mayas de Copan.



En Honduras solo estuvimos tres días. El primer día pedaleamos desde la frontera de Nicaragua hasta un pueblo llamado Choluteca. El segundo día decidimos quedarnos en ese pueblo, para poder conocer, aunque sea un poquito, su gente y costumbres. Y el tercer día ya salimos con la bici rumbo a la frontera con El Salvador.


De esta corta estadía podemos decir que vimos paisajes muy verdes apenas cruzamos la frontera, que las rutas estaban en muy buenas condiciones, incluso con un buen acostamiento para la bici (cosa que siempre nos brinda tranquilidad) y que en la única ciudad que estuvimos, la inseguridad era bastante palpable.


Honduras tiene serios problemas de delincuencia, al igual que El Salvador y Guatemala. Las pandillas son las dueñas de las calles. En estos tres países es sumamente normal ver gente común, civiles, custodiando los negocios con enormes fusiles o escopetas en las puertas. También los conductores de los buses urbanos, por ejemplo, viajan con sus armas a la vista, para defensa personal. Es normal que la gran mayoría de la gente porte armas. Quizás, como recuerdo y costumbre de los muchos años de guerra civil que estos países debieron atravesar y sufrir.


Choluteca, la única ciudad que conocimos, tiene 120.000 habitantes y es la capital del departamento de Choluteca, no hay mucho para hacer, pero es un centro comercial para toda la zona agrícola de allí.


Algo que nos paso durante casi todo nuestro viaje, pero que se intensifico enormemente en Honduras, fue que la gente, cuando nos veía pasar en nuestras bicicletas, nos gritaran gringos todo el tiempo: “hola gringos!!”, “hey gringos!! “Chau gringos”, “dame un dólar gringo!!, etc. Todos asumen, sin dudar, que somos norteamericanos. Tenemos que repetir una y otra vez que somos sudamericanos, que somos argentinos!! Y aun así, muchos no nos creen y nos responden: “pero que bien hablan el español!!” En Honduras los niños salían corriendo a la calle a gritarnos, a saludarnos, a pedirnos, etc.. Lo que nos sorprendía era que chiquitos de tan solo 3 o 4 años, que casi no sabían ni hablar, nos gritaran a media lengua giinnnngooos!!!!. Esto nos molestaba bastante pero, también, lo entendíamos. Y muchas veces, no nos tomábamos la molestia de aclararlo.


Justo en Honduras se nos rompió la maquina de fotos. La muy cobarde nos abandonó. Asi que tuvimos, muy a nuestro pesar, que comprarnos otra. Pero, lo que mas lamentamos, fue la perdida de varias fotos lindas, sobre todo de estos niños que nos gritaban en la ruta..


El tercer día salimos de Choluteca con la idea de pedalear unos 80 kilómetros hasta la frontera de El Salvador, llamada Amatillo, y quedarnos a pasar la noche en algún hotel de allí. En el camino nos encontramos con un suizo que anda recorriendo América en una moto Africa Twin. Venía desde Argentina y va camino a Alaska. Nosotros habíamos parado en la ruta porque yo había pinchado una goma y él paro para ver si necesitábamos ayuda. Nos quedamos un rato charlando y escuchando sus anécdotas.


Cuando llegamos a Amatillo, la frontera, vimos con decepción que el lugar era feo y que no había ningún hotel pasable como para quedarnos, así que decidimos seguir unos 30 kilómetros más hasta el próximo pueblo, ya por tierras Salvadoreñas. Pero antes, teníamos que cambiar nuevamente de dinero. En Honduras la moneda oficial es la Lempira (Un dólar es igual a 19 lempiras) mientras que en El Salvador la moneda oficial es el dólar (desde el 2001 tienen dolarizada su economía).


El primer pueblo que encontramos fue Santa Rosa de Lima. Llegamos bastante tarde y cansados, ya que en el camino habíamos hecho muchas paradas para sacar fotos, comer, charlar, etc. Asi que solo dimos unos vueltas por el pueblo, fuimos a comer algo y directo a dormir!


Al otro día seguimos camino rumbo a una ciudad llamada San Miguel. El camino era hermoso, con mucho verde, mucha vegetación, con lomas y con una ruta en muy buenas condiciones. Las construcciones de las casas eran bonitas, normales pero bien cuidadas.


El Salvador es un país que tiene 6.700.000 habitantes y es el más densamente poblado de Centroamérica. Su actual presidente es Elias Antonio Saca y, aparentemente, la gente esta conforme con él. En las rutas se pueden ver varios carteles donde figuran convenios y ayuda recibida de diferentes países de Europa, de Japón, Taiwán, etc. para la reconstrucción del país luego de la gran destrucción causada por la guerra civil. (esto también lo vimos en Honduras).


Ya casi llegando a San Miguel vimos un enorme cartel que decía “Hay Pupusas” para el desayuno. Con el negro nos miramos y nos preguntamos que seria?? Asi que paramos y fuimos a ver de qué se trataba. Resulta ser que las pupusas son la comida más típica de El Salvador y son una verdadera delicia. Están hechas de maiz fresco triturado o prensado en forma de masa, que se pueden rellenar con diferentes ingredientes, aunque las más tipicas son de queso o frijoles. Esto se pone a cocinar en una plancha hasta que se derrite el queso. Por lo general, cuando lo sirven, lo acompañan de un “curtido”, que no es otra cosa que una especie de picle hecho de repollo. Aquí todo el mundo come esto, tanto en el desayuno, como a la tarde. Nosotros no paramos de comer pupusas de queso todos los dias…. Una delicia.


San Miguel es una ciudad grande, comercial y, en si, no muy atractiva. Pero si lo son sus alrededores, donde se pueden visitar varios volcanes preciosos. Nosotros nos quedamos 2 días aquí, ya que necesitábamos hacer varias cositas.


Al tercer dia retomamos el pedaleo rumbo a la provincia de Usulatan. El dia estaba nublado y fresco, ya que había llovido toda la noche. El paisaje era verde, lindo, con sus volcanes a lo lejos y el camino sinuoso.


En el trayecto, pudimos ver a varias personas trabajando en el campo. Una cosa que nos llama la atención aquí es que casi todos los hombres, tanto en el campo como en la ciudad, usan enormes machetes colgado de sus cintos. Es una tradición. Y a veces nos da risa ver a algunos andando en bicicleta con sus machetes colgando o, también, subir a los buses urbanos con los machetes en la mano. Como diría el negro, no esta para discutir con nadie acá!!! Mejor le sonreímos a todos….


A mitad de camino nos encontramos con una sorpresa. De pronto vimos una casita que estaba al borde de la ruta construida totalmente con botellas de plástico o “pichinga”, como le llaman acá. Paramos. El lugar se llamaba “la casita encantada”, y era bonita y llamativa. La dueña, una viejita humilde y sencilla, nos invitó a pasar. Alli nos contó que un día ella fue a buscar leña a las montañas y tuvo un “encuentro con el señor” y que él le pidió que construyera esta casa. Pasó mucho tiempo hasta que pudo cumplir el pedido. A nosotros nos sorprendía la construcción, donde incluso hasta los pisos están hechos de las tapas de las botellas. Charlamos un rato con ella y después seguimos viaje hasta llegar finalmente hasta la ciudad de Usulatan, donde quedamos a pasar la noche.


De Usulatán seguimos el pedaleo, entre plantaciones de caña de azúcar, hasta Zacatecoluca. Allí pasamos la noche y, al otro día, nos fuimos hasta Puerto La libertad, una ciudad a orillas del pacífico. La ciudad tiene 21.000 habitantes y no se parece en nada a una ciudad de playa., a pesar de tener una de las playas más famosas de Centroamérica, llamada “punta roca”, a escasos metros. La ciudad tiene un alto índice de delincuencia, construcciones malas y calles bastante sucias. Una lástima. Lo bueno es que a pocos kilómetros, tanto hacia el sur como hacia el norte, uno puede encontrar pequeñas villas muy lindas sobre la playa.


La playa “Punta Roca” es famosa a nivel internacional por las enormes olas que tiene. Nosotros disfrutamos viendo a los surfers jugando en las olas, pero claro, es muy lindo para mirar pero imposible para meterte solo a bañarte, ya que es peligroso. Nosotros justo llegamos un día viernes al lugar y, ese fin de semana, se realizaba un campeonato internacional de Surf, organizado por la empresa QuikSilver. Por supuesto que fuimos a mirar y nos encantó. Primero porque los surfers que estaban eran buenísimo y vimos una gran destreza en ellos. Uno quedaba con la boca abierta viendo como quedaban parados sobre sus tablas a pesar de las enormes olas que lo vapuleaban. Pero también resultaba interesante ver todo el “ambiente” que había afuera del agua. Muchos fotógrafos con enormes cámaras y un montón de aparatos, intentando tener la mejor toma de los competidores. Y mucha gente sentada en las rocas, disfrutando del espectáculo. Con el negro intentábamos comprender como el jurado otorgaba los puntajes, tema que era totalmente desconocido para nosotros. Lo malo fue que al poco rato de comenzar la competencia se largo una lluvia molesta y constante. La competencia duro dos días y gano un Salvadoreño.


La Libertad queda a solo unos 60 kilómetros de la capital del país, San Salvador. Así que decidimos tomarnos un colectivo e ir a pasar el dia a la capital, para ver medianamente como era. Por lo general no nos gusta visitar las capitales, ya que nos resultan complicadas y peligrosas para ir en bicicleta. Fuimos justo un día domingo, así que el movimiento no era tán frenético como el de los días laborales. Nos pareció una ciudad normal y, al igual que la mayoría de las grandes ciudades de Centroamérica, sin grandes construcciones o desarrollo arquitectónico. Lo que sí nos llama la atención, es el avance de los mercados locales sobre las calles principales de la ciudad. Es decir, los puestos de todo tipo de productos (desde frutas, cd´s, ropa, cosas electrónicas, etc.) que se arman en las calles, tapando incluso la entrada a los negocios que están detrás.


De La Libertad, decidimos seguir camino rumbo al norte del país. Nos desviamos un poquito hasta la ciudad de Sonsonate. Allí comienza un recorrido de unos 70 kilómetros, conocido como “el camino de las flores”. Es una zona montañosa, llena de viveros, de flores y de un sinfín de pueblitos típicos al borde de la ruta. El primer pueblito en el cual nos quedamos se llamaba “Juayua”. Nos gustó mucho, además de que nos hospedamos en un lugar muy bonito, donde nos sentimos muy cómodos. El aire de allí era fresco y se podía palpar la tranquilidad del lugar. Lo único que interrumpía la paz, vaya ironía, eran los enormes megáfonos instalados en el pueblo por una iglesia católica, para transmitir “en vivo y en dirécto” la misa de las 6 de la tarde. Claro que los domingos es doble función: a las 6 de la mañana y a las 6 de la tarde. Espero que a mi querido amigo Maxi no le parezca una idea brillante y, a partir de ahora, transmita su misa en vivo y directo por todo San Isidro, en Buenos Aires!!! Jeje.



En este pueblo conocimos una pareja de Guatemaltecos y Salvadoreños con lo que compartimos cenas y ron. La pasamos lindo con ellos.



Luego de Juayua, pasamos por varios pueblitos mas hasta llegar a Ataco, el otro lugar donde nos quedamos a dormir. Aquí disfrutamos del buen café y contemplamos hermosas artesanías locales.


De Ataco pedaleamos unos 80 kilómetros rumbo a la frontera de Guatemala, llamada “La Hachadura”. Los primeros 30 kilómetros fueron en continua bajada, cosa que nos encanto!!!! Además, el paisaje era hermosísimo, con grandes plantaciones de café, espesa vegetación y lindas montañas. Paramos varias veces, simplemente a contemplar el lugar y a respirar su aire tan fresco.

Finalmente, llegamos a la frontera. Un país muy esperado por nosotros, ya estaba ahí enfrente. Guatemala y su mundo maya nos esperaban.